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Sabiduría ancestral en tiempos modernos: Comunidades de Chiapas en el mercado de bonos de carbono voluntario

Por Melissa Boisson

De acuerdo con cálculos de organizaciones ambientales como AMBIO, se estima que cada mexicano que no viaja en promedio genera 5 toneladas de CO2 anuales y cuando viajas frecuentemente, tus emisiones pueden incluso duplicarse fácilmente.

Se estima también que por cada 5 toneladas de CO2 emitidas se quiere sembrar de entre 8 a 10 árboles y conservarlos durante 25 años para compensar la cantidad de CO2 generada.

En este sentido, si la esperanza de vida promedio del mexicano es de 77años, deberíamos haber adoptado y conservado un promedio de entre 616 y 770 árboles para compensar mínimamente nuestras emisiones generadas a lo largo de nuestra vida, si es que nunca viajamos o aproximadamente el doble si es que lo hacemos frecuentemente. Esto, suponiendo que todos los arbolitos plantados sobreviven y crecen sanamente durante 25 años por lo menos (hay que considerar que dependiendo de la técnica de sembrado y los cuidados recibidos, el índice de éxito para que un árbol crezca oscila entre el 45 y el 75%).

Sin embargo, la cosa no es tan sencilla, el dióxido de carbono atmosférico (CO2) es absorbido por los árboles mediante la fotosíntesis, y es almacenado en forma de materia orgánica o madera (biomasa). El CO2 regresa a la atmósfera mediante la respiración de los árboles y las plantas y por descomposición de la materia orgánica muerta (hojas, troncos, etc).

Por tanto, para calcular la captura de carbono, es necesario conocer el periodo en el cual un bosque alcanzará su madurez ya que los índices de captura de carbono varían de acuerdo con el tipo de árboles, suelos, topografía y prácticas de manejo de bosque. Es decir, todos los bosques tienen un punto de saturación cuando los árboles han llegado a su madurez pero si se muere el árbol, existe una liberación de CO2 a la atmósfera que también tendría que ser compensado.

En este sentido, para conocer realmente la cantidad de CO2 que es capturado por cada árbol hay que analizar la especie del árbol y hacer una medición continua de su talla y del estado de salud del mismo así como el peso aproximado calculado.

Esto entre otras cosas, esto es lo que buscan hacer iniciativas como la de Scolel'te, que en Tzeltal significa "árbol que crece" y que refleja justamente la idea principal de los programas de captura de CO2, ya que en la medida en que un árbol está desarrollándose va capturando mayor dióxido de carbono del que libera.

Scolel'te en Chiapas

AMBIO con el programa Scolel'te se ha posicionado como líder al ser el programa con mayor tiempo y vigencia en el mercado voluntario de carbono a nivel mundial.

Es un orgullo decir que este programa nació en Chiapas hace más de 17 años con sistemas de manejo forestal en comunidades colindantes o ubicadas dentro de Montes Azules, Naha, Metzabok, La Sepultura, Frailescana y el Triunfo.

Mediante programas de manejo territorial, participación comunitaria, reforestación, educación ambiental, proyectos productivos y otros, han logrado revalorizar los servicios ecosistémicos convirtiéndolos en el incentivo para el uso sostenible de los recursos, la preservación de la cultura y el medio para mejorar la calidad de vida de los habitantes de estas comunidades.

Para asegurar la emisión de los bonos de carbono y evitar la duplicación en la cuantificación de la captura de carbono, Scolel'te se desarrolla e implementa bajo el Estándar Plan Vivo que es un marco internacional de certificación de programas de pago por servicios ambientales. Una de las características particulares de este Estándar es que está justamente diseñado para el trabajo con pequeños agricultores y comunidades rurales de escasos recursos. De esta forma, Plan Vivo busca que la gestión sustentable de los recursos naturales ayude a reducir la pobreza y diversificar los medios de subsistencia de estas familias.

Esta metodología permite la cuantificación y vigilancia del carbono o de los servicios climáticos en toneladas de dióxido de carbono equivalente. De manera que al contar con los Certificados Plan Vivo, se garantiza un proyecto bien diseñado, con un buen sistema de organización y una visión de largo plazo que garantice por lo menos 25 años de vida de cada árbol que presta servicios ambientales de manera continua por ese lapso, así como la mejora de los medios de subsistencia para las familias participantes.

Una vistazo a las comunidades

Fue en 1997 que lo que empezó como una ilusión se convirtió en una realidad. Nueve comunidades chiapanecas de origen maya, de las etnias Tzeltal y Tojolabal fueron los primeros en poder hacer realidad la venta de certificados de captura de carbono. Algunas de ellas, como la comunidad Alan Kantajal, en el municipio de Chilón (a 2 horas de Palenque), incluso participaron desde la realización del estudio inicial de factibilidad en el año de 1994.

Otro ejemplo es Villa Las Rosas, dentro de la Selva Lacandona, a una hora y media de la zona arqueológica de Palenque, en el estado de Chiapas. Villa las Rosas forma parte del área de influencia de una zona natural protegida, llamada Naha-Metzabok, misma que ha sido designada humedal de importancia internacional bajo la Convención de Ramsar a partir del año 2004. Este polígono es clave, tanto por su papel en la provisión de agua, como por la cantidad de especies de flora y fauna presentes, incluyendo monos araña, jaguares y orquídeas. Por esta razón, la realización de actividades de conservación resulta fundamental ya que esta región sufre de una presión importante sobre sus recursos naturales, en parte debido al crecimiento poblacional constante de los pueblos vecinos, la creación de potreros y áreas de pastoreo (cambio de uso de suelo), la caza y tala ilegal así como invasiones en la zona natural protegida.

A la fecha, el Programa Scolel'te, reúne a 1200 campesinos, distribuidos en más de 90 comunidades en el estado de Chiapas. Este programa, el más antiguo para la neutralización de emisiones, abarca al día de hoy 7662 hectáreas, el equivalente a 10726 campos de futbol. En términos de captura de carbono, a través del Programa Scolel'te distintas organizaciones en conjunto han compensado 479,029 toneladas de CO2, lo cual es equivalente a las emisiones de 2,676,140 vuelos individuales en un sólo sentido, entre Tuxtla Gutiérrez y la Ciudad de México.

Dependiendo del tipo de clima se realiza un sistema mixto de cultivo y justamente la diversificación de cultivos ayuda también al control de plagas de manera natural. Los ejidatarios que participan en este programa siembran en los primeros 5 años diversos cultivos como frijol, maíz mientras van creciendo los árboles, cuando la sombra de éstos no favorece su crecimiento, entonces cambian a otro tipo de cultivos que sí puedan crecer a la par.

Todos los ejidatarios se comprometen a cuidar de los árboles durante 25 años para poder recibir el pago completo por los servicios ambientales acordados. Por esta razón, generalmente se destinan tierras que están abandonadas o que requieren descansar para participar en este programa y así asegurar que cumplirán con este lapso de tiempo. Durante este tiempo, los ejidatarios reciben apoyo de personal técnico, quienes son también ejidatarios de estas comunidades que han demostrado liderazgo y compromiso con el programa y que por tanto, han recibido diversas capacitaciones a cambio de apoyar, supervisar y registrar los avances del programa a nivel regional de manera continua.

En esta región, debido a sus características geológicas y ambientales, en promedio por 1 hectárea se siembran 78 árboles, los cuales capturan 286 toneladas de dióxido de carbono equivalente. Estos cálculos son realizados para cada proyecto por el Colegio de la Frontera Sur que trabaja en conjunto con AMBIO en este programa, entre otras organizaciones. Los árboles de estas comunidades en algunos casos tienen 18 años por haber sido de las primeras comunidades en participar en este programa. Principalmente encontramos hermosos cedros y caobas en esta región de difícil acceso. Para muchos de los ejidatarios, esta es una inversión de largo plazo, el legado que dejarán a sus siguientes generaciones. Y en realidad, no sólo es un legado para sus hijos en términos de la tierra y de árboles maderables que tendrán, sino un legado de servicios ecosistémicos para todos los mexicanos que los estamos disfrutando ya en tiempo presente.

Estos conocimientos, aunque hoy se han podido perfeccionar, eran parte de la sabiduría ancestral de pueblos como los Lacandones, quienes habitan y cuidan de la zona natural protegida de Naha. Bajo la enseñanza de que Hach Akium, Dios de todos los dioses, quien creó el cielo y la selva, sembró en el cielo estrellas y en la selva árboles. Ambos comparten las mismas raíces por lo cual, cuando cae un árbol, cae una estrella. De esta forma, se ejemplifica la interconexión que tenemos todos los seres que habitamos el planeta, en especial los seres humanos con la naturaleza quienes dependemos de ésta y sólo con ésta podemos vivir en armonía. Esta sabiduría ha ayudado a la conservación de esta zona.

Mucho por hacer

En estimaciones hechas por el Banco Mundial, la cantidad de tierra que necesitaríamos para sembrar los árboles que compensarían nuestras emisiones sería tan grande que el planeta nos resultaría insuficiente a los más de 7 mil millones de seres humanos que lo habitamos, pero afortunadamente, la solución no reside únicamente en estrategias de reforestación y conservación, sino en una estrategia a distintos niveles.

Es decir, la plantación y conservación de árboles beneficia enormemente el medio ambiente, pero no resuelve el problema de calentamiento global que es causado, entre otras cosas, por la deforestación, el cambio de uso de suelo para ganadería, agricultura o construcción, por nuestros patrones de consumo, el mal manejo de residuos, uso excesivo de energía, entre otros.

La solución radica en la participación activa desde distintos frentes para disminuir nuestras emisiones al máximo cambiando nuestros hábitos y patrones de consumo y buscar compensar aquellas emisiones que no pudimos evitar.

Piensa dos veces antes de comprar miles de cosas que no vas a utilizar. Y si ya las compraste, asegúrate de donarlas a otros que sí puedan darle un uso y lo aprovechen al máximo. Regala bonos de carbono de mercados voluntarios que ayuden a compensar el impacto de tus emisiones, al tiempo que ayudas a la mejor calidad de vida de las comunidades que dependen de estos programas para vivir.
Para mayor información visita: http://www.ambio.org.mx/scolelte/neutralizar/

Recuerda la importancia de Reducir, Reutilizar, y Reciclar ¡Esto es parte de nuestro legado y compromiso con las siguientes generaciones!